lunes, 26 de marzo de 2007

Un viaje iniciático

Era un domingo por la tarde e iba en el "Costa Azul", camino de Valencia, a reintegrarme al borreguero en el que lastimosamente habría de perder un año de vida.

Una preciosa novia de diecisiete años se había quedado en el pueblo. Con sus ojos brillantes, oscuros e inteligentes -de una nobleza como no he vuelto a conocer-, me había dicho adiós, manteniéndose después en la parada hasta que el autobús se perdió de vista en la curva de la calle Real.

Acomodándome en el asiento del autobús, con su cara en mi cabeza, comencé la cuenta atrás...

Supongo que al poco debí quedarme adormecido y así estuve hasta que mi vecino de asiento se incorporó para abrir la ventana. Al hacer esto entró un poco de frío, acompañado de el penetrante olor al estiercol con el que debían estar abonados los campos por los que en ese momento pasábamos, y algún pasajero así se lo hizo notar.


Él, como respuesta, me dedicó una sonrisa refulgente, animándome a dejar el asiento, cerrar los ojos e inspirar con fuerza para absorver la energía del brillante atardecer que ante nuestros ojos se estaba desarrollando.

El resto del camino estuvimos charlando entre las miradas de estupor del pasaje cercano y finalmente, antes de bajarse, me invitó a que lo visitara.

Creo que aquella gente no acabó de comprender ciertos conceptos un tanto rebuscados: sexo tántrico, no desperdiciar semen, Kundalini y todas esas cosas...

La visita nunca tuvo lugar, "of course"...

Foto tomada del blog Azul Tinta China. Gracias.

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