lunes, 13 de octubre de 2008

Hasta el infinito y más allá

Me sorprendí corriendo sin necesidad, volcado en llegar no sé dónde. Acelerado sin motivo, preocupado sin razón. Me obligué a bajar el ritmo, dar peso a mis pisadas, pensar en un destino... y, al no encontrarlo, quedé parado tan súbitamente que, perdido el equilibrio, el traspiés no pudo sino llevarme al húmedo suelo. Primero una sonrisa forzada y luego una carcajada franca de idiota fueron mi respuesta.

domingo, 10 de agosto de 2008

Descanso

A lo tonto, tonto (nunca mejor dicho), creo que ya estamos a mitad de partido. Nunca se sabe... lo mismo se suspende antes de tiempo por algún tipo de contingencia grave, pero lo normal es que me quede por vivir tanto como lo ya vivido. Y mira que los días parecen arrastrarse como condenados -y me arrastran como un condenado-, pero, aún así, en cuanto echo la vista atrás no deja de sorprenderme la velocidad con que pasan las semanas y las estaciones.

Acabamos de mudarnos de casa y estoy en plena fase de construcción del nuevo biotopo. Buscando el sitio y número adecuado de estanterías, la luz exacta, cribando cds y libros (los dvds ya casi están todos), escondiendo cables -que me ponen enfermo-... Vamos, que a fin de cuentas ahora mismo estoy ocupado en el desarrollo de una de las pequeñas metas que alientan y sostienen mi precario equilibrio psicológico. Ya, meta pueril, sin duda, pero amarre, al fin y a la postre, que me sostiene entre tantas cosas que no puedo controlar. Me gusta sentarme en un sillón y sentirme rodeado de pequeños objetos que si lo quiero me transportarán a lugares de agradable recuerdo. Otros son simples promesas y me gusta dejarlos aparcados para situaciones especiales. Algunos llevan toda su vida conmigo y casi de cada uno puedo recordar el momento en que entramos en contacto y el por qué del mismo.

El sábado por la tarde, de camino a "El Tajo Británico" a comprar unos artilugios de bricolaje casero, me encontré pensando en que paulatinamente (al paso del número de los años que me van acompañando) mis planes irán cambiando -acortando- hasta el extremo de que cualquier pensamiento futuro será tan ilusorio e inestable como este presente que aún no aprendí a dominar. Porque... cuando se empieza a esperar la muerte como algo natural... ¿las metas son distintas? No sé, quizá objetivos a muy corto plazo del tipo... respirar, trempar, leer aquello que guardas como oro en paño no sea que te vayas a quedar a medio camino.

martes, 8 de abril de 2008

Pitarsky

Se dice que se es de donde se pace y no de donde se nace. Pues bien, en estos últimos años mi vida se ha visto bastante alegrada por un foro de guitarristas por el que suelo pasar. Allí he conocido a un veterinario con patillas que vive en mi misma ciudad y que en condiciones normales no hubiera sabido ni que existe. También he tratado con personas que están lo más lejos que se pueda estar de la península, a otros que cambiaron de país, a amargaos con gafas, satánicos de chiste, gallegos con y sin retranca, madrileños en lista de a uno, zamoranos gaseosos, boludos argentinos, cazorleños roqueros, cantabrones, octópodos... y a la sección catalana. Por esta última tengo especial aprecio, ya que siempre me trataron con simpatía, "respeto" y deferencia. Allí están Yuan, Jordi, Jorge, Gerard... y Pere.

Pere es un catalán calvorota y curvilíneo (por decir algo) con el que tengo en común más cosas que conmigo mismo. Es oírle hablar y estar escuchando al yo tranquilo e inteligente que sospecho guardo escondido en algún lugar de este amasijo de grasa, piel y huesos. Siempre tiene un chascarrillo apropiado, una buena broma o un silencio adecuado si no va a hacer feliz a alguien.

Este fin de semana nos ha venido a visitar. Se ha alojado en casa del veterinario roquero y hemos pasado unos días estupendos. He roto la rutina tomando tapas por las terrazas, yendo a un concierto yasero, haciendo ruido con guitarras más viejas que yo, comiendo con los totaneros, disfrutado de la simpatía y hospitalidad de Constanza... hablando y riendo.

Se me ha hecho corto. A ratos pienso que el viernes por la noche volveré a buscarlo al aeropuerto y begin de begin: a casa de Pepe a cenar huevos fritos con patatas y a beber buen vino, meter caballitos hirvientes en cañas bien frías mientras el sol golpea en la acera de enfrente; volver a casa de madrugada y tocar canciones el domingo por la mañana.

Las guitarras siempre fueron una excusa.